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Lemmings empresariales o la eutanasia de nuestros negocios.

¿Porqué atacamos a los síntomas y no perseguimos las causas de nuestros problemas empresariales?

Esta pregunta la planteó Javier Ortego en una charla suya a la que pude acudir recientemente en la Agencia de Innovación y Desarrollo. Ya había escuchado el concepto planteado de otras formas pero creo que no había reflexionado lo suficiente sobre ello. En ese momento tiré del hilo, y tras un par de conversaciones conmigo mismo y breves disertaciones con algún cliente y algún proveedor me ha dado por escribir unas líneas sobre ello.

Obcecados en poner tiritas en las heridas en vez de descubrir qué o quién provoca los cortes que nos desangran, no conseguimos otra cosa que paliar la agonía de forma momentánea. Nuestras empresas sufren por ello,  y en realidad no las estamos dotando de algo que no sea un bálsamo que no las cura ni las protege de la posible debacle.

¿Recordáis a los Lemmings? Yo le eché un buen número de horas al videojuego de los hombrecicos de pelo verde que nació allá por el 91, graciosos personajes que cual ejército de suicidas va siempre hacia adelante aunque haya peligro de muerte. A veces veo que somo lemmings empresariales… que atisbando el abismo seguimos nuestra marcha… tal cual hacen los roedores, los lemmings reales, que se arrojan al mar en un suicidio colectivo y que inspiraron el videojuego de estrategia mencionado.

Trabajamos al filo del abismo, burlando el traspiés.

Y llega un momento en el cual simplemente nos dejamos llevar hacia él

¿Hasta cuándo?

En la cuerda floja

Es el momento de conocer a fondo nuestras empresas, de fortalecer la pyme desde dentro y desde un punto de vista crítico que quizá nosotros mismos no seamos capaces de dar.

Cuesta mucho esfuerzo un análisis objetivo que pueda ser la prueba irrefutable de que el otrora negocio hoy es una hoguera donde quemamos recursos a ojos cerrados, una hoguera voraz e insaciable. El miedo que en este país tenemos a echar el cerrojo no nos deja ver que cerrar una empresa deficitaria a veces es un buen negocio. Y el ímpetu, comprensible, de buscar los medios, sean cuales sean, para seguir manteniendo al comatoso proyecto enfanga con el paso del tiempo al incauto empresario.

La riqueza que generan pequeños proyectos, pymes y comercios es un bien que no podemos permitirnos perder. Ni podemos esperar que vengan a salvarnos. Ni echar la culpa a otros mientras seguimos endeudandonos a riesgo de hipotecar este proyecto y los futuros.

El aguante tiene un límite, y lo dilatado de la situación empieza a romper cuerdas que ya llevan mucho tensas.

La dificultad está, en mi opinión, en detectar este momento en el cual gritar STOP! Hacer las cuentas pertinentes y salir vivo, y sin cargas de importancia vital que te persigan de por vida y no te permitan empezar de cero y bajo esta situación contractual una nueva empresa, adaptada a las necesidades del consumo y con una infraestructura que sea soportable. En definitiva sin las enfermedades que hicieron claudicar a tu anterior proyecto por falta o imposibilidad de adaptación.

Sólo planteo una duda.

¿Es más valiente quien empuja hasta reventar o quien cierra y comienza de nuevo?

No somos, en general, de cerrar si no de empujar hasta los límites… No digo que no sea loable, pero a veces no es lo más inteligente.

El empresario que supera sus límites quedando endeudado de por vida, poco puede hacer por reanudar su actividad con todas las bendiciones que requiere un nuevo emprendimiento. Habrá fórmulas para tener nuevas empresas, pero empezar lastrado es una penalización que no debemos permitirnos siempre que este en nuestra mano.

A veces pienso que la mejor manera de poder crear una empresa viable, es cerrar la que se tiene, o por lo menos llevarla al cero absoluto y transformarla tal y como si fuera de nueva creación. Tenemos miedo. Miedo al fracaso. Hasta el punto de anular nuestro raciocinio y hacernos entrar en el pozo.

Carecer de futuros empresarios, por el adolecimiento de una cultura de crear empresa por parte de los sectores que deben acceder al mercado laboral es un mal síntoma, ni hay trabajo ni se crea. Sin generar una posible “burbuja del emprendedor” hay que cultivar empresarios dados un mucho de los actuales están dilapidando sus opciones de serlo en un futuro. No nos van a quedar ganas y mucho menos recursos de reemprender. Y si no entra en juego una nueva camada de generadores de puestos de trabajo estamos condenados…

Algunos estáis pensando “mucha palabrería pero no aporta ninguna solución” y es cierto, cada empresa tendrá un contexto tan diferente y personal que no puedo dar ninguna solución pero sí activar las alarmas para que cada uno ponga los medios para no caer en la inercia de la desaparición…

Una llamada a la reflexión y a transformar el pesimismo de estas líneas en una acción positiva y productiva.

No es un STOP – es un automovilístico STOP & GO – penalizados por la situación o por nuestra insuficiente reconversión (o mala praxis) debe haber un punto de inflexión para poder continuar con garantías. No os echéis las manos a la cabeza aquello que leéis -cerrar empresas-  Es un posible “cierre” como paso agresivo y necesario de la reconversión que menciono de esos mismos profesionales y empresarios. El valor humano y las personas son lo que hace viable la economía y no el nombre de una  “ese ele” y hay que buscar que esos individuos continúen vivos – económica y empresarialmente hablando – aún a costa de una eutanasia de sus criaturas actuales, con el fin de engendrar nuevas ideas , y criar empresas más fuertes y sanas.

STOP LEMMINGS!

GO EMPRESARIOS!

Como siempre, esta es mi opinión, a partir de aquí comentarios, críticas, alabanzas o lo que se tercie… pero agradezco la participación y el enriquecimiento de estos párrafos con vuestras letras.

@SantiGonfe

Imagen de Castillo Dominici por cortesía de  FreeDigitalPhotos.net

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3 comentarios sobre “Lemmings empresariales o la eutanasia de nuestros negocios.

  1. Muy loable tu post, Santi. Una empresa es un ente vivo, y como ente vivo la manera de tener éxito pasa por analizar los errores y corregirlos con vistas a mejorar. Hay dos tipos de seres vivos; las moscas y las abejas. Las moscas van de mierda en mierda y posándose a ver qué bacteria transmiten (puede ser por miedo al fracaso, como bien apuntas, o simplemente “ganas de joder”).
    Las abejas, en cambio, trabajan y trabajan de forma organizada para lograr un producto. Pasa lo mismo con las empresas; en tanto una PYME no busca soluciones, sino que se retuerce en la mierda, es una mosca. Desgraciadamente, vivimos en un país con plaga de moscas, pero las abejas son las que un día aparecen subidas en el tren del éxito, mientras ven cómo todos los demás se relamen con su miel. Mucho ánimo y a seguir en esta línea!!

  2. Totalmente de acuerdo! Cuantas empresas o negocios han reventado sin dejar la mínima opción al administrador de la sociedad, dueño del negocio o lo que sea. Salvar la empresa pasa en la mayoría de casos por dilapidar toda la rentabilidad conseguida durante muchos años y lo que es más importante, embarcarnos hacia un endeudamiento que nos perseguirá el resto de los días. Un cierre a tiempo es un seguro de vida.

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